Sunday, September 24, 2006

Obra: Cuestión de estilo
Álvaro Antón

El embarque
Fabreaux, ante el recio rostro de la mujer, acabó al fin por arrastrar la cucharita de plata en el fondo de la taza de té, que momentos antes se le sirviera. Debió disculparse por el desagradable incidente ante ella, en tanto la señora Menard, con voz pausada y poco convincente, lo calmó. Fabreaux, cada vez más acorralado, prometió al fin saldar el monto total de su deuda una vez recibido el embarque de Manila para Menard. Ella o la hiena en ella, se ofreció comprarle el embarque de tejidos. Fabreaux se dió cuenta en ese mismo instante que estaba cara a cara con la ruina

Oyó la voz de la muchacha en la oscuridad, en la semisombra apenas iluminada por el espejo, su deseo guió los dedos en su lucha con los botones del vestido. Ahogados como esos gritos, acudieron a su mente en torbellino tal vez otras imágenes de vírgenes desnudas, destinos tan frágiles, tan mudos, cruzados por azar con el suyo.

Menard sonrió, como para recordarle que esperaba una respuesta. Fabreaux bajó la cabeza asintiendo en silencio y Rodrigo, hombre de confianza - quizás un vago amante de la Menard-, genio sumiso, surgió de su lámpara de sombras. Luego el notario, Chevallier, lujoso traje gris, camisa blanca, oculto colmillo de plata, con el documento a rubricar. Le ofreció la pluma a Fabreaux sobre la lustrosa mesa de madera de cerezo. Nunca olvidaría esas vetas, como venas congeladas en el tiempo.
Los tres hombres, con Morvan, se detuvieron otro instante en la habitación desordenada, desangelada. Con cuidado, uno de ellos tomó la última mancha de sangre para el análisis forense. Morvan, con una sonrisa triste apenas insinuada, no desprovista de cierta conmiseración, hizo aún un llamado al comando de Prefectura, para detener e incautar el embarque.
Las declaraciones del capitán del barco en el juicio al cabo mostraron demasiadas coincidencias con la denuncia recibida esa noche contra Fabreaux. La oscura trama, irreversible, se estaba cerrando al fin como sus ojos, sin lágrimas, como la luz desabrida iluminando aquella escena en el laberinto del pasado: habitación y sangre, virgen y agriada muchacha.
Alejandro Drenes/ Daniel Montoly

0 Comments:

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

<< Home

Creative Commons License
Esta obra es publicada bajo una licencia Creative Commons.