Friday, September 22, 2006

Una breve selección poética del poeta venezolano, Eugenio Montejo.
LA TERREDAD DE UN PÁJARO


La terredad de un pájaro es su canto,
lo que en su pecho vuelve al mundo
con los ecos de un coro invisible
desde un bosque ya muerto.
Su terredad es el sueño de encontrarse
en los ausentes,
de repetir hasta el final la melodía
mientras crucen abiertas los aires
sus alas pasajeras,
aunque no sepa a quién le canta
ni por qué,
ni si podrá escucharse en otros algún día
como cada minuto quiso ser:
más inocente.
Desde que nace nada ya lo aparta
de su deber terrestre,
trabaja al sol, procrea, busca sus migas
y es sólo su voz lo que defiende
porque en el tiempo no es un pájaro
sino un rayo en la noche de su especie,
una persecución sin tregua de la vida
para que el canto permanezca.

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PÁJAROS


Oigo los pájaros afuera,
otros, no los de ayer que ya perdimos,
los nuevos silbos inocentes.
Y no sé si son pájaros,
si alguien que ya no soy los sigue oyendo
a media vida bajo el sol de la tierra.
Quizás es el deseo de retener su voz salvaje
en la mitad de la estación
antes que de los árboles se alejen.

Alguien que he sido o soy, no sé,
oye o recuerda,
si hay algo real dentro de mí son ellos,
más que yo mismo, más que el sol afuera,
si es musical la fuerza que hace girar el mundo,
no ha habido nunca sino pájaros,
el canto de los pájaros
que nos trae y nos lleva.

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EL ESCLAVO


Ser el esclavo que perdió su cuerpo
para que lo habiten las palabras.
Llevar por huesos flautas inocentes
que alguien toca de lejos
o tal vez nadie. (Sólo es real el soplo
y la ansiedad por descifrarlo.)

Ser el esclavo cuando todos duermen
y lo hostiga el claror incisivo
de su hermana, la lámpara.
Siempre en terror de estar en vela
frente a los astros
sin que pueda mentir cuando despierten,
aunque diluvie el mundo
y la noche ensombrezca la página.

Ser el esclavo, el paria, el alquimista
de malditos metales
y trasmutar su tedio en ágatas.
en oro el barro humano.
para que no lo arrojen a los perros
al entregar el parte.


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ADIÓS AL SIGLO XX

a Álvaro Mutis


Cruzo la calle Marx, la calle Freud;
ando por una orilla de este siglo,
despacio, insomne, caviloso,
espía ad honorem de algún reino gótico,
recogiendo vocales caídas, pequeños guijarros
tatuados de rumor infinito.
La línea de Mondrian frente a mis ojos
va cortando la noche en sombras rectas
ahora que ya no cabe más soledad
en las paredes de vidrio.
Cruzo la calle Mao, la calle Stalin;
miro el instante donde muere un milenio
y otro despunta su terrestre dominio.
Mi siglo vertical y lleno de teorías...
Mi siglo con sus guerras, sus posguerras
y su tambor de Hitler allá lejos,
entre sangre y abismo.
Prosigo entre las piedras de los viejos suburbios
por un trago, por un poco de jazz,
contemplando los dioses que duermen disueltos
en el serrín de los bares,
mientras descifro sus nombres al paso
y sigo mi camino.


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Caracas



Tan altos son los edificios
que ya no se ve nada de mi infancia.
Perdí mi patio con sus lentas nubes
donde la luz dejó plumas de ibis,
egipcias claridades,
perdí mi nombre y el sueño de mi casa.
Recto andamios, torre sobre torre,
nos ocultan ahora la montaña.
El ruido crece a mil motores por oído,
a mil autos por pie, todo mortales.
Los hombres corren detrás de sus voces
pero las voces van a la deriva
detrás de los taxis.
Más lejana que Tebas, Troya, Nínive
y los fragmentos de su sueño,
Caracas, ¿dónde estuvo?
Perdí mi sombra y el tacto de sus piedras,
ya no se ve nada de mi infancia.
Puedo ahora pasearme por sus calles
a tientas, cada vez más solitario,
su espacio es real, impávido, concreto,
sólo mi historia es falsa.

Eugenio Montejo (Caracas, Venezuela,1938)



Eugenio Montejo Poeta y ensayista venezolano nacido en Caracas en 1938. Su poesía se ha caracterizado por la rica gama textual y el gran dominio de las formas, constituyéndose en un gran representante de la poesía suramericana. Ha publicado, entre otros, los libros: «Elegos» en 1967, «Muerte y memoria» en 1972, «Algunas palabras» en 1977, «Terredad» en 1978, «Trópico absoluto» en 1982, y «Alfabeto del mundo» en 1986. Es autor también de importantes ensayos, tales como, «La ventana oblicua» en 1974, «El taller blanco» en 1983, y «El cuaderno de Blas Coll» en 1981.

Ha recibido importantes galardones por su obra literaria y le ha servido a su país en el campo diplomático como embajador en Lisboa durante varios años.

2 Comments:

Anonymous angel said...

Una de las voces más altas de la mejor poesía escrita en nuestra lengua. Un gusto releerlo en tu espacio literario en el que he encontrado autores poco divulgados (no es el caso de Montejo) y de otros a quienes por primera vez y gracias a ti tengo oportunidad de conocer.

Saludos...

8:38 AM  
Blogger Daniel J. Montoly said...

Gracias por tus visitas asiduas Ángel y por dejarnos saber tu parecer. Sabes, yo satisface saber que hemos logrado en parte con uno de los propósitos de la idea original; la busqueda y rescate de esas otras grandes voces sepultadas bajo los inmortales latinoamericanos como Paz, Neruda, Vallejo, Huidobro, Guillén entre otros. Continuaremos buscando y difundiendo la obra de cuantos poetas podamos tener acceso.

Aprovecho la oportunidad para felicitarte por el excelente trabajo de Noctambulario.

un fraternal saludo. Daniel Montoly

11:49 AM  

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