Como una moneda girando
bajo el hilo de sol
cruza la mariposa encendida
ante la flor de albahaca.
Como un acuario
La luz de la tarde escoge algunas plantas
y en algunas de sus hojas penetra.
Como un acuario encendido por sus peces;
como un fluir
de la noche
entre rastros de estrellas,
transcurre
en su quietud
la maleza.
Entra el lenguaje.
Los dos se acercan a los mismos objetos. Los tocan
del mismo modo. Los apilan igual. Dejan e ignoran
las mismas cosas.
Cuando se enfrentan, saben que son el límite
uno del otro.
Son creador y criatura.
Son imagen,
modelo,
uno del otro.
Los dos comparten la penumbra del cuarto.
Ahí perciben poco: lo utilizable
y lo que el otro permite ver. Ambos se evaden
y se ocultan.
Una avispa sobre el agua
La superficie del agua es tensa
para una avispa,
es un sendero múltiple fluyendo siempre
como el tacto del tiempo
sobre la hondura quieta
de un corto espacio.
Corto es el tiempo
en que flota; corta
la distancia en que gira
por incesantes laberintos,
remolinos inciertos, llamas,
y transparencia
inextricable.
La voz indígena
Es un dolor
de voz que se apaga. De voz eterna
y profunda
que así se apaga. Que así se apaga
para nosotros.
El amor es su entornada sustancia
Encendido en los boscajes del tiempo, el amor
es su entornada sustancia. Abre
con hociquillo de marmota,
senderos y senderos
inextricables. Es el camino
de vuelta
de los muertos, el lugar luminoso en donde suelen
resplandecer. Como zafiros bajo la arena
hacen su playa, hacen sus olas íntimas, su floración
de pedernal, blanca y hundiéndose
y volcando su espuma. Así nos dicen al oído: del viento,
de la calma del agua, y del sol
que toca,
con dedos ígneos y delicados
la frescura vital. Así nos dicen
con su candor de caracolas; así van devanándonos
con su luz, que es piedra,
y que es principio con el agua, y es mar
de hondos follajes
inexpugnables, a los que sólo así, de noche,
nos es dado ver
y encender
Coral Bracho (Ciudad de México 1951)

Entre sus libros de poemas, están: Peces de piel fugaz (1977); El ser que va a morir (1981), por el cual obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes; Tierra de entraña ardiente (1992), en colaboración con la pintora Irma Palacios; La voluntad del ámbar (1998), y Ese espacio, ese jardín, por el cual obtuvo el premio Xavier Villaurrutia, en su emisión 2003.
Han sido editadas dos recopilaciones de sus poemas: Bajo el destello líquido y Huellas de luz. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte, y ha sido becaria de la Fundación Guggenheim.
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