
Encuentro con José Emilio Pacheco
Por Sigfredo Ariel Más de setenta poetas de América Latina y Europa se reunieron en la ciudad mexicana de Morelia para leer sus versos y homenajear a uno de los escritores vivos más importantes del idioma: José Emilio Pacheco. La hermosa capital michoacana brindó hospitalidad y atención esmeradas a la octava edición del Encuentro de Poetas Latinos que este año alcanzó además ese mágico punto
Un público mayoritariamente joven fue a escuchar poesía –sólo poesía– en sesiones de mañana, tarde y noche celebradas en algunos de los mejores escenarios de la ciudad: el teatro Ocampo, el Conservatorio de las Rosas y el Centro Cultural Universitario de San Nicolás de
El argentino-mexicano Juan Gelman y el brasileño Ledo Ivo, entre otros, leyeron en la sesión inaugural como para que no quedaran dudas acerca del alto nivel poético de este evento al cual asistieron también el belga Benno Banard, el colombiano Juan Manuel Roca, el chileno José María Memet, la boricua Vanesa Droz y la paraguaya Sussy Delgado, quien impresionó al auditorio con sus poemas hermosos en lengua guaraní.
En la nutrida representación de poetas mexicanos ―imposible mencionarlos a todos― se encontraban Alejandro Aura, Thelma Nava, Coral Bracho, Elsa Cross, Leticia Luna, Hugo Gutiérrez Vega y Gaspar Aguilera, quien dio a conocer en México a la generación de poetas cubanos de los años 80 en una generosa antología: Un grupo avanza silencioso (UNAM, 1990). Una inteligente distribución de los organizadores combinó modos de escritura y nacionalidades en mesas que integraron poetas de distintas generaciones.
En todo momento el gran Pacheco se mostró cordial. A menudo sonríe, creo que por estos días se siente feliz, motivos tiene. Por cierto, en la recepción de bienvenida que tuvo lugar en el ex convento de los Agustinos de Tiripetío en la tarde del martes 17 de octubre, mientras un cuarteto de cuerdas combinaba trozos de Mozart con "La llorona", "Estrellita", "Ay sandunga", el tango "Por una cabeza" y songs de Gershwin y Cole Porter, el fornido José Emilio fue mesa por mesa saludando a cada uno de los participantes, agradeciéndole su presencia.
Cuando le tocó el turno de estrechar la mano al autor de Islas a la deriva quien esto firma no pudo hacer más que balbucear: “es un honor, maestro… es un honor…” Y ahí quedó todo.
Tomado de Cubaliteraria
Tomado de La Ventana
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