
por José Cedeño
Los poemas que la dieron a conocer y que más tarde la consagrarían son los sonetos de la muerte, escritos cuando tenía veinticinco años y con los que ganó los Juegos Florales de Santiago, en 1914. Sonetos de una maestría impecable en donde la rítmica y la rima pesan mucho menos que el discurso (característica ya de esta ortodoxa forma poética en el siglo XX).
Lucila Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral desde1908), refleja en su poesía y en su prosa una queja social contra la pobreza rural. Obra poética de una solidez lírica y de discurso, comparada con la del poeta de Fuente Vaqueros, Federico García Lorca.
La fuerza expresiva de Gabriela Mistral radica en haber vivido cada uno de los días de su vida con la mayor intensidad posible y en estar comprometida por la lucha de los pueblos: su fuerza radica en que en su búsqueda del amor sólo se encontró a ella misma.
Gabriela Mistral, una luchadora en pro de los derechos de los pueblos indígenas, la justicia en el problema agrario, la democracia genuina. Una maestra que educó a los indígenas pobres y descubrió ahí la génesis de su voz. Sin duda, fue esta lucha incansable la que contribuyó a que fuera galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1945 (primera vez otorgado a un escritor latinoamericano), y ese difuminar la línea entre las convicciones literarias y las obligaciones morales y éticas de una intelectual convencida de no separar su realidad literaria de la realidad que le tocó vivir.
Impulsos encaminados siempre a la paz y la igualdad: "No se trabaja y se crea sino en la paz; es una verdad de Perogrullo, pero que se desvanece apenas la tierra parpadea de uniformes y hiede a quemados infernales."
Cristo, el desamor y lo cotidiano en lo rural son los tópicos de sus primeros poemas en Desolación, versos llenos de angustia y desesperanza. Para conseguir ese sentido de reflexión utiliza versos endecasílabos o alejandrinos, lo que provoca que la rima se aleje y la atención caiga en las ideas:
¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas?
¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas,
las lunas de los ojos albas y engrandecidas,
hacia un ancla invisible las manos orientadas?
(fragmento de "Interrogaciones", Desolación, 1922)
A niño tan dormido
no me lo recordéis.
Dormía así en mi entraña
con mucha dejadez.
Yo lo saqué del sueño
de todo su querer,
y ahora se me ha vuelto
a dormir otra vez.
(fragmento de "Sueño grande", Ternura)
Incluso son tan lúdicos que muchos de ellos podrían ser incluidos en una antología para niños:
El pavo real
Que sopló el viento y se lo llevó las nubes
y que en las nubes iba un pavo real,
que el pavo real era para mi mano
y que la mano se me va a secar,
y que la mano le di esta mañana
al rey que vino para desposar.
¡Ay que el cielo, ay que el viento, y la nube
que se van con el pavo real.
Una de las virtudes insuperables es su sentido musical, el sonido que produce es completamente natural, sin sacrificar la profundidad del discurso ni forzar la combinación de las palabras, como sucede con muchos poetas:
Te olvidaste del rostro que hiciste
en un valle a una oscura mujer;
olvidaste entre todas tus formas
mi alzadura de lento ciprés;
cabras vivas, vicuñas doradas
te cubrieron la triste y la fiel.
(fragmento de "Nocturno de la consumación")
Su solidaridad en la desgracia de los pueblos o en los momentos difíciles, como la invasión de Estados Unidos a Santo Domingo, o con las víctimas de la guerra civil española, o a la causa sandinista en Nicaragua: "Es necesario decir algo en favor de la desgraciada Nicaragua. Es preciso acompañar siquiera con palabras a esa gente desventurada y heroica que padece por la justicia."
Mistral tiene la genialidad de jugar con las palabras, de desdoblar los significados en significaciones personales que al ser leídas nuevamente se desdoblan en universales. Un ejemplo de por qué Mistral merece un sitio en la poesía universal es "Agua", poema de Tala donde los recuerdos de la infancia se vuelven líquidos; ese recuerdo de los segundos que quedan marcados en lo que parecen efímeras sensaciones (así como para Proust la sensación de la magdalena remojada en su boca le redescubrió el mundo). O la sensibilidad de Mistral para no dejar pasar ni los sabores ni los olores y plasmarlos en sus versos:
Victoria, la costa a que me trajiste
tiene dulces los pastos y salobre el viento
Otra condición esencial de cualquier poeta: retratar los paisajes por donde ha vivido:
Viboreas de las señales
del camino del Inca Huayna,
veteadas de ingenierías
y tropeles de alpaca y llama
de la hebra del indio atónito
y del ¡ay! de la quena mágica.
Donde son valles, son dulzuras;
donde repechas, das el ansia;
donde azurea el altiplano
es la anchura de la alabanza.
(fragmento de "Cordillera", Tala)
Mar de Chiloé
(fragmento)
Que vamos llegando al mar
ya se siente en el resuello
de chilote que remase
siempre y sin brazos ni remos
y llega, sin llegar, altos
y ensalmuerados los dedos.
¡Mar dicho por bufonada
Pacífico y llevadero,
que alza cinco marejadas
donde le dan regodeo,
greña suelta, grana suelta,
Mar de Chile sempiterno.
La conciencia mistraliana del presente insatisfecho parte de un profundo conocimiento de la historia de los pueblos indígenas, experiencia vivida en carne propia que convierte su pluma en un reclamo a la reivindicación de los pueblos americanos y su descendencia:
Sol de los Incas, sol de los Mayas,
maduro sol americano,
sol en que mayas y quichés
reconocieron y adoraron
y en el que viejos aimares!*
como el ámbar fueron quemados.
(fragmento de "Sol de Trópico",)
*Aimara. Individuo de una raza de indios que habitan la región del lago Titicaca, entre el Perú y Bolivia.
Tomado de Rebelión
0 Comments:
Post a Comment
Subscribe to Post Comments [Atom]
<< Home