Tuesday, October 16, 2007


Saint-John Perse o de la plenitud


Acercamiento al Premio Nobel de Literatura Saint-John Perse, a propósito del encuentro Guadalupe: palabras y resonancias coordinado por el Centro de Estudios del Caribe, de la Casa de las Américas

por Enrique Saínz

La poesía de Saint-John Perse deja en nosotros una fuerte impresión de inmensidad. La portentosa riqueza de su cosmos, la experiencia física de los grandes espacios ilimitados y la ausencia de lo temporal como categoría histórica son los elementos que integran esta poética de lo inconmensurable. Su obra no se integra de un modo explícito a ninguna de las dos líneas en las que, según Valéry, se bifurca el ma­gisterio de Baudelaire: el surrealismo y la poesía pura, si bien es evidente en algunas de sus páginas cierta cercanía con el mundo caóti­co, de sucesión de imágenes, de la vertiente que conduce hasta la poesía automática de los surrealistas.

Se trata, creemos, de una simi­litud de procedimientos y no de cosmovisión, pues en Perse hay un realismo raigal que no encontramos en los representantes de la tesis del inconsciente como factor creador. Y cuando hablamos de una actitud realista en Perse nos referimos a su propósito de aprehensión desde lo que podríamos calificar como objetividad atemporal, no a los intentos de captar la realidad en su dinámica relacionable o en tanto expresión de una dialéctica del suceder.

No estamos, en ese sentido, ante un filósofo causalista. Los hechos, en cualquiera de sus libros, aparecen consumados, plenos, absolutos, incondicionados. Hay una semejanza entre ese acercamiento al acontecer y el de los poetas surrealistas, quienes buscan las oscuras relaciones de los diferentes elementos del todo, un rasgo que observamos en Perse por la interrelación que se establece en sus textos entre el mundo natural y el mundo histórico.

Esa es una problemática que merece algunas re­flexiones que diluciden su significación y contribuyan a esclarecer los aportes y presupuestos que caracterizan su obra. Ahí percibimos uno de los factores de creatividad decisivos en la integración de su poética.

Naturaleza e Historia son categorías que Perse identifica en un plano abstracto, intelectual, no en su factualidad. Consideradas como un todo, expresiones de un absoluto que está en el centro de sus libros como una plenitud esencial, se integran en una relación armónica que no tiene pretensiones de develar concepciones causalistas. Las alu­siones a un paisaje más o menos inmediato poseen una significación similar a la que se atribuye al mundo de la cultura, el ser del hombre en la Historia. Porque esa historicidad de Perse es un hecho en sí, tan definitivo e inmutable como el mar, la lluvia o la noche, presencias que el poeta no hace más que enumerar en su multiplicidad y desde posi­ciones de una objetividad radical.

Esa actitud frente a la realidad hace de esta obra un testimonio único en la poesía europea del siglo xx. Sus antecedentes franceses (Baudelaire, Rimbaud, Claudel, en cierto sen­tido Valéry) y los más lejanos de otras latitudes (los presocráticos, Píndaro, Lucrecio, Dante) representan, en mayor o menor medida, una poesía de inquietudes totalizadoras. Su cercanía con los cantos triunfales de Píndaro explica ese tono permanente de alabanza que caracteriza a la poesía de Perse, pero en una dimensión más profun­da viene a revelar las raíces de esa unidad integradora de la naturale­za y la cultura.

Los presocráticos, por su parte, representan las pri­meras soluciones para una interpretación de la cultura y del cosmos como un todo de cerrada unidad. Lucrecio y Dante, cada uno a su modo, conforman una imagen total del acontecer. El ahistoricismo en el que se sustenta Perse se identifica en última instancia con el concepto atemporal de la vida trascendente que subyace en La Divi­na Comedia. En Anabase podríamos hallar cierta resonancia del gran poema del Medioevo.

Los hechos de los hombres (los más diversos oficios, objetos, pere­grinajes, fundaciones, todo de un sabor bíblico y de vieja crónica) imprimen un carácter épico a la poesía de Perse, epicidad que se conjuga con un yo lírico en ocasiones partícipe de la acción y en ocasiones espectador y relator, testimoniante de una historia anóni­ma.

Ya desde los textos iniciales, «Images à Crusoé», se aprecia esa fusión de la realidad exterior y la intimidad, acción y contemplación, una concepción de la poesía que asimila y recrea una riquísima he­rencia y conforma una obra única, de colosal aliento y que viene a entregarnos la experiencia de viejas y refinadas culturas y aprehen­de, a su vez, el espíritu de renovación de la poesía contemporánea. En la línea de Claudel y de Whitman (verso de amplia estructura y canto de alabanza) y con afinidades con Valéry (visión de un cosmos cerra­do donde el yo del poeta tiene una función ordenadora y contemplativa, actitud racionalista que en Perse tiene también un significado propio, si bien de menor alcance, en la integración de su poética), la totalidad de esta obra contribuye a la creación de una sensibilidad nueva desde el primer decenio del siglo xx y a través de todos sus libros.

Lo que hemos apuntado nos conduce hacia otro de sus rasgos definidores: la ausencia de una eticidad explícita. El distanciamiento del yo lírico y la consecuente búsqueda de una objetividad que penetre en la esencia del acontecer —esencia que descansa en un raigal inmanentismo— rompen con los rezagos románticos y abren la poesía a una posibili­dad de intelección de más hondas consecuencias. En este punto se encuentran la obra de Perse y la poesía pura, pero se trata sólo de un encuentro coincidente que no permite establecer relaciones de otro tipo entre ambas concepciones artísticas.

Como trasfondo de la poética de Perse encontramos una auténtica concepción humanista y su consecuente sentido ético. El hombre está en el centro de esta cosmovisión y de él se nutren los textos, si bien se trata de un hombre absoluto, colectivo, anónimo, paradigma atemporal cuyo principio de conducta es precisamente su quehacer fundacional, su entidad histórica por encima de toda circunstancia social. Es la suya una eticidad surgida de las relaciones burguesas en la medida en que asume y propone como imagen ideal del suceder histórico la dependencia jerarquizada de raíz aristocratizante. La exaltación de la imagen del hombre universal más allá de latitudes y culturas y el canto de alabanza perpetua a la batalla del hombre en constante lu­cha por hacerse a sí mismo en fecundo diálogo con la naturaleza, hacen de esta poesía un ejemplo de humanismo trascendente, quizás el único entre todos los grandes poetas contemporáneos que logra integrar el pasado como un elemento verdaderamente creador.

Re­cordemos el sombrío testimonio de otros poetas mayores de este siglo (Trakl, Eliot, Rilke), exponentes de una profunda crisis que en ocasiones muestra tonos de desesperanza y de angustia insolubles. Perse, atento a una tradición intelectual que parte de otros presu­puestos y diferentes circunstancias, y continuador, a su vez, de una línea que en la propia literatura francesa tiene muy altos representan­tes (Claudel: Cinq grandes odes; Gide: Les nourritures terrestres), nos entrega otra dimensión del hombre, con más fecundas posibilida­des de realización. Podemos llegar a la conclusión, en ese sentido, de que la obra de Perse asume la decadencia de su momento como una realidad que el hombre puede superar a partir de sí mismo, si bien esa lectura puede traer implícita la conciencia, en el poeta, de la crisis del presente.

Poesía del esplendor y la grandeza del hombre —grandeza forjada con oficios nobles y con oficios reprobables—, la obra de Perse se desentiende de los conflictos existenciales derivados de la crisis de la concepción burguesa del mundo. El concepto de alienación subyace en esa mirada a la Historia en tanto negación del presente, pero ad­quiere una significación de mayores alcances, la apertura hacia una plenitud vital que no hallamos en otros creadores de talla universal de la lírica contemporánea, como ya quedó señalado.

La presencia de la naturaleza, riquísima en su multiplicidad, en su infinitud y en su fuerza fecundante, y a la vez escenario consustancial de la Historia, confiere a los textos de Perse un vigor que sólo es posible encontrar en los grandes románticos, aunque con un sentido diferente. A pesar de que no puede afirmarse con fundamento sólido que la poética de Éloges, Amers o Vents se haya integrado sin la influencia de los mayores representantes del romanticismo, sí es incuestionable que su asimila­ción trae implícitas otras inquietudes, en primer lugar el concepto inmanentista de la cultura del que parte su autor.

El sabor épico y la imagen de la naturaleza que transmiten estos libros (el corpus lírico total de Perse) nos dicen, de modo inequívoco, que estamos ante un creador de una originalidad muy propia en relación con sus coetáneos y con sus predecesores inmediatos, en especial los franceses. Aun­que en una dirección diferente, coincide con Valéry en sus posiciones antirrománticas, pero se mantiene distante de los postulados teóricos y filosóficos de Charmes, concretamente en el plano formal, de tanta importancia en la elaboración de los preceptos puristas y en la escri­tura de poemas claves («La jeune parque» y «Le cimetière marin»).

La poética de Perse está más cerca del racionalismo historicista que del espíritu geometrizante y del idealismo trascendente de los sim­bolistas.
Importantes consecuencias de orden formal se derivan, en esta obra, de la influencia del racionalismo (realismo) historicista –historicista por cuanto aprehende y da carácter paradigmático a hechos concre­tos de la Historia en tanto sustrato de la poética, ahistoricista en la medida en que ese acontecer es elevado a categoría de absoluto y situado por encima de una conciencia del devenir sujeta a leyes rigurosas–. La estructura del poema es libre al modo del poema en prosa, sujeto sólo al ritmo interior, en el caso de Perse determinado por la frecuente enumeración y sus obligadas rupturas para crear la frase total, como en este ejemplo de Anabase, parte X:


“Muchas cosas más a la altura de nuestras sienes: los venda­jes de animales en los suburbios, los movimientos de multitu­des hacia los esquiladores, los poceros y los castradores de caballos; las especulaciones en el soplo de las cosechas y la ventilación de hierbas, en lo alto de horcones sobre los teja­dos; las construcciones de cercas de tierra cocida y rosa, de secaderos de carne en forma de terrazas, de galerías para los sacerdotes, de capitanías; los patios inmensos del veterina­rio; las prestaciones para el mantenimiento de caminos de herradura, las sendas en zigzag por los desfiladeros; las fun­daciones de hospicios en terrenos baldíos; las escrituras a la llegada de las caravanas y los licenciamientos de escoltas en los barrios de los cambistas; las popularidades nacientes bajo el tejadillo, ante las tinas de frituras; las protestaciones de títulos de crédito; las destrucciones de animales albinos, de gusanos blancos bajo la tierra; las hogueras de zarzas y de espinos en los lugares contaminados de muerte, la fabrica­ción de un hermoso pan de cebada y de sésamo; o bien de espelta; y la humareda de los hombres por todas partes...”

[Todos los textos de Perse que se citan en este ensayo han sido traducidos por Enrique Moreno Castillo.]
El sentido del idioma en su musicalidad y en su riqueza léxica —posibilidades que Perse utiliza con creatividad sin paralelo en la poesía francesa de siempre— posee una función subordinada en su pretensión de aprehender el universo disímil e inconmensurable del hombre en sus asentamientos y en sus migraciones, en sus trabajos y en sus anhelos de integración espiritual y material. En tanto épica, la poesía de estos grandes libros conforma un cosmos, experiencia que en el caso concreto de su autor asimila los antecedentes mayores del género (Homero, Píndaro), pero asumidos desde los hallazgos y las lecciones de los grandes creadores contemporáneos y de poetas de otras latitudes y épocas, teniendo en cuenta incluso textos de diversas procedencias, no necesariamente literarios.

La relación entre palabra y realidad es sustancial desde «Images à Crusoé» hasta «Chant pour un équinoxe», de 1904 y 1971 respectivamente. El propósito integrador lo encontramos en la ininterrumpida enumeración y las asociaciones de distintos planos de la realidad, como en este pasaje de la sección séptima de Chronique:

“Y recogiendo al fin el vuelo de un sayal más vasto, reunimos desde lo alto toda esta hazaña terrenal.

“A nuestra espalda, allá, en la vertiente del año, toda la tierra, en pliegues rectos y derredor tensada, como la amplia capa de pastor anudada hasta el mentón...

“(¿Tendremos que cubrirnos —pues el Océano de las cosas nos asedia— la frente y el rostro, como se ve, en el más alto pro­montorio, al hombre de gran sueño, bajo la tormenta, que mete la cabeza en un saco para conversar con su dios?)

“...Y por encima del hombro, hasta nosotros, escuchamos ese chorrear en marcha de toda la cosa fuera de las aguas.

“Es la tierra, por todas partes, tejiendo su lana leonada como biso de mar; y el avance sobre el fondo de las llanuras de esas grandes sombras azul de Mayo que conducen en silencio la trashumancia del cielo sobre la tierra...

“¡Irreprochable, oh tierra, tu crónica, ante la mirada del Cen­sor. Somos pastores del futuro y no nos basta la inmensa no­che devoniana para sostener nuestra alabanza... ¿Estamos, ah, estamos de verdad —o estuvimos alguna vez— en todo esto?”
La conjunción del ser histórico y la naturaleza está en el centro de toda la obra poética de Perse. La imagen del hombre que surge de esas páginas es, ciertamente, la de quien batalla tenazmente contra los signos indescifrables de la realidad, ser en agonía frente al día y fren­te a la noche, en ruta hacia la tierra distante y siempre interrogándose y haciéndose su propia vida. Exil (en sus tres partes: «Exil», «Pluies» y «Neiges»), Anabase y Chronique poseen, en el sentido de esa integración ontológica, una densidad conceptual mayor que la que hallamos en los restantes libros, sobre todo por la sobreabundancia con la que queda caracterizado el incesante diálogo entre el ser histó­rico y el entorno natural.

Diríase que el torrente de objetos, sensacio­nes, anhelos, temores y experiencias de toda índole que colman de plenitud el corpus lírico de Perse —plenitud que no habíamos conoci­do con tal intensidad hasta el día en que nos acercamos por primera vez a estos poemas— viene a mostrar la abigarrada confusión en la que ha debido forjarse el hombre la conciencia de sí, camino en cuya travesía no se alcanza a ver, en la sobreabundancia, un claro destino.

¿Significa esto que Perse nos propone otro humanismo, del mismo modo que nos propone otra relación con la naturaleza, diferente de la que nos había entregado el romanticismo en virtud de las diferencias de épocas y de influencias? Creemos que sí: el humanismo de Perse es el del hombre en trance de integración espiritual y material, el hombre que indaga y agoniza en la búsqueda incesante y que se sien­te a un tiempo colmado e inestable frente a la magnitud de la empresa que lo convoca y de la que depende su posibilidad de sobrevida. Sus poemas tienen la dualidad de la contemplación y de la acción, pero en un estadio anterior al de la conciencia de la angustia en tanto proble­mática intrínseca.

En el fundamento de la poética de Perse hay un dualismo esencial. La experiencia de la inmensidad que una y otra vez aparece como un factor dinámico de lo que podría llamarse la factualidad interior, el cosmos que se va conformando ante los lectores, genera el senti­miento de sobreabundancia y al mismo tiempo un sentimiento de incertidumbre, la necesidad de un desciframiento de la relación del hom­bre con ese entorno que lo nutre y lo anonada. Por otra parte, de esa percepción surge además la presencia constante de la mirada exte­rior, ese afuera que tanta riqueza proporciona a esta obra y que ha quedado magistralmente expresada en este momento de «Chant pour un équinoxe»: Amiga, el aguacero del cielo estuvo con nosotros, la noche de Dios fue nuestra intemperie.

La vida espiritual se va integrando en esa fusión del hombre con su medio, tal y como se nos entrega en el abigarrado y denso universo de objetos, oficios, creencias, paisajes. La percepción de los espacios ilimitados —una de las posibilidades de la conciencia de la inmensi­dad— está en la raíz de otro dualismo esencial: lírica-épica (lirismo épico), síntesis de una poética sin paralelo en la historia de la poesía contemporánea de Europa occidental desde Baudelaire. La subjetivi­dad es una fuerza actuante de primer orden en el canto desbordado a la realidad y en la gesta anónima de las fundaciones y los asentamientos. La hazaña histórica y la creación de la vida del espíritu se constituyen en una experiencia artística auténticamente lírica.

A la luz de lo que queda dicho, una justa interpretación del humanis­mo de Perse debe tener en cuenta la dialéctica que rige los dualismos apuntados. No se trata de escisiones de la realidad, sino de todo lo contrario: la integración de dualidades, la interpenetración de opues­tos que dan lugar a un realismo vitalista de mucha importancia por sus implicaciones formales y conceptuales.

En los poemas de Perse ha sido superada la errónea dicotomía vida-cultura, falsa oposición de­fendida por pragmáticos a ultranza y por esteticistas del arte por el arte. El epos fundacional de estos libros nos entrega el quehacer del hombre en su totalidad, una búsqueda de la que surgen a un tiempo las cosas y las fábulas como expresiones de una identidad, una se­gunda naturaleza en conjunción con las fuerzas elementales del me­dio, ambas indisolublemente fusionadas. Las acciones de fundar y de crear no tienen diferencias de ninguna especie como hechos en sí ni en la conformación de estas páginas en el plano teórico. Incluso en la génesis de los textos se integran las vivencias y la asimilación intelec­tual en unidad tan cerrada como la de forma y contenido.

Las imágenes de Eloges o de La Gloire des Rois, de Anabase o de Chronique, tienen el sabor de la percepción inmediata, directa, y están elaboradas desde los presupuestos intelectuales y literarios que de un modo u otro hemos relacionado a lo largo de estas consideraciones. Alejo Carpentier nos recuerda el carácter vivencial de los libros iniciales de Perse en su ensayo «Saint-John Perse, urbi et orbi», cuando nos dice:

“Porque, en el universo —y universo es, tan completo y poblado como el de un Juan Sebastián Bach, como el de un Pablo Picasso— de Saint-John Perse, hay siempre una presencia, latente o mani­fiesta (esto último en los primeros poemas) de lo que llamaban ya Antilias los cartógrafos anteriores al viaje de las Tres Carabelas —Antilias inscritas ahora en el contexto de América toda. Amo a los poetas de hálito universal que me hablan de árboles heráldi­cos, de islas incontables, de aves migratorias, de los grandes vien­tos que soplan sobre la faz del planeta, de pueblos en marcha, de anábasis, y de altas ciudades que «se iluminan» —como mi ciu­dad natal— sobre «todo su frente de mar».” (1)
La frondosidad del discurso de Perse, surgido de una experiencia inmediata que se transmuta en la creación de un cosmos en el que el hombre y su entorno (natural y cultural) mantienen una fecunda intercomunicación de extraordinario dinamismo, tiene incuestionables afinidades, además de con Carpentier, con otro escritor cubano de talla universal: José Lezama Lima.

Y hablamos de afinidades y no de influencias porque quizás sea inexacto afirmar que el francés dejó su impronta en nuestro poeta o en el autor de El Siglo de las Luces o ellos en aquél (hecho menos probable, aunque no imposible si tene­mos en cuenta que Carpentier fue conocido en francés en 1954 con su novela El reino de este mundo, en 1956 con Los pasos perdidos y en 1957 con El acoso), si bien hay razones que hacen pensar que Lezama recibió el magisterio de Éloges o de Anabase, pues ya eran accesibles, en la década del 40 (el primero en 1946 y el segundo en 1941), las respectivas versiones de Jorge Zalamea y Octavio Barreda.

Y razones de peso hacen suponer asimismo que Carpentier conoció la poesía de Perse durante su primera estancia en París desde finales de la década del 20. Al margen de esa problemática, imposible de aclarar si no se hace un estudio detenido de los textos y mientras no se posean declaraciones explícitas de los propios autores al respecto, nos interesa subrayar las similitudes de estilo y de concepción del mundo que permiten establecer un paralelo, en esta ocasión expuesto sólo como de pasada.

Las afinidades de Carpentier con Perse radi­can en el afán de reflejar una realidad múltiple que es al mismo tiem­po un estilo de vida, captación de la esencia en lo diverso, el todo a través de sus partes. En el plano formal se hace evidente la cercanía de ambos en los largos períodos de enumeraciones, en Carpentier más directamente surgidos de la realidad sensible y en consecuencia con un carácter más descriptivo, mientras en Perse con un grado mayor de reelaboración y con la carga connotativa, simbólica, propia de la gran poesía, aunque sus textos también parten de la realidad cotidiana, como atestigua, por ejemplo, la relación entre Anabase y el viaje del autor por el desierto de Gobi. Los conjuntos de enumeracio­nes tienen en Perse una dispersión que no encontramos en Carpentier, caos expresivo que está en consonancia con la búsqueda, ya aludida, de un cosmos más allá de los diversos elementos del mundo real.

Las semejanzas con Lezama se nos entregan en varios planos: las fuentes nutricias, la visión unitiva de los opuestos, la inagotable riqueza y la interrelación de los elementos integrantes del todo, el estilo, factores estrechamente unidos entre sí en relación causal. La sobreabundancia de Lezama, sin embargo, conforma una poesía de perfiles menos precisos que la de Perse. Su ensayo «Saint-John Perse: historiador de las lluvias» (aparecido primero como introducción a la versión del propio Lezama de «Pluies» y más tarde recogido en su libro La cantidad hechizada. La Habana, Ediciones Unión [Con­temporáneos], UNEAC, 1970, pp. 409-412) hace evidente, en nues­tro criterio, lo que acabamos de apuntar, pues es la suya una interpre­tación que nos enseña más del mismo Lezama que de Perse, un acercamiento que se transforma en estímulo literario antes que en exégesis.

Atentos a las reflexiones de Lezama en esas páginas, apre­ciamos una recreación cuyos signos nos hacen pensar que el crítico (el poeta) establece, en relación con el texto que lo mueve a escribir, nuevos y distintos nexos entre la realidad y la imagen. Esa diferencia (precisión-imprecisión) entre ambos descansa en el mayor lirismo de la mirada de Lezama, percepción del acontecer desde una perspecti­va radicalmente subjetiva, de la que se deriva asimismo la distinción que podemos establecer en lo concerniente a la asimilación de las fuentes (en ambos con un sentido universal) y la visión unitiva. El léxico y la sintaxis de Lezama, sus inusitadas metáforas, comportan una densidad conceptual que en Perse se manifiesta en la recreación del universo sensible.

Cabría preguntarse, después de este breve bosquejo de los rasgos comunes entre Lezama, Carpentier y Perse, si en esas similitudes no tendría mucho que ver el diálogo, en cada uno de una manera muy personal, con el paisaje de América, en el caso de Perse un vínculo de sus primeros años, durante la permanencia en Guadalupe, su lugar de nacimiento. No creemos que ese origen co­mún sea totalmente ajeno a esas afinidades.

Experiencia única el conocimiento de la poesía de Saint-John Perse por su regocijada alabanza a las fuerzas creadoras del hombre. Su obra, fundada en una concepción inmanentista de la Historia y en un radical humanismo, es un monumento de plenitud y esplendor en la riqueza de su diversidad y en la hondura de su visión. Como los más grandes artistas de nuestros días, Perse es ya un clásico contemporá­neo por lo que fue capaz de lograr con el idioma y por la magistral asimilación creadora de una parte importante de la herencia intelec­tual de su época y del pasado, sin límites cronológicos ni culturales.

Las imágenes sombrías, la soledad, la conciencia de la muerte, la angustia, temas recurrentes en muchos de los más significativos maes­tros del siglo xx, se integran en la poesía de Perse al fluir de la Histo­ria como elementos consustanciales en la búsqueda y la conformación de un destino, pero no como situaciones límites, insalvables, asfixiantes. La incertidumbre en torno a la naturaleza humana asoma en estos momentos de Chronique, parte tercera:

“Pasamos y, por nadie engendrados, ¿en verdad conocemos la especie en que avanzamos? ¿Qué sabemos del hombre, nuestro espectro, bajo su capa de lana y su gran fieltro de extranjero?”
En el mismo poema, más adelante (quinta parte), leemos, como un sobrepasamiento de la pregunta, como una expansión hacia lo ili­mitado:

“Fuera de las leyendas del sueño, toda esta inmensidad del ser y esta profusión del ser, toda esta pasión del ser y todo este poder de ser, ¡ah, todo este gran soplo viajero que levanta bajo sus talones, con el vuelo de sus largos pliegues —gran perfil en marcha sobre el vano de nuestras puertas— el trán­sito veloz de la Virgen nocturna!”
De esa pasión del hombre por su plenitud, su ser en el mundo, el hacerse a sí mismo, provienen estas palabras (séptima parte) que se abren en estrecha interrelación con la conciencia de la inmensidad como un ser absoluto y a la vez en perpetua creación:

“Somos pastores del futuro y no nos basta la inmensa noche devoniana para sostener nuestra alabanza...”
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Publicado originalmente en: Saínz, Enrique: Diálogos con la poesía, Ediciones UNIÓN, La Habana, 2003, pp. 7-18.



Nota:


1.- Alejo Carpentier: «Saint-John Perse: urbi et orbi», en su Ensayos. Ciudad de La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984, pp. 232-234. La cita en la última página. Otro gran autor cubano, el poeta Gastón Baquero, nos dejó un espléndido ensayo sobre Perse: «Saint-John Perse, cronista del universo», de 1960, incluido en el tomo Ensayo (edición a cargo de Alfonso Ortega Carmona y Alfredo Pérez Aleucart. Salamanca, Fundación Central Hispano, 1995, pp. 147-151), de los dos que reúnen sus obras. A propósito de un artículo de Eugenio Montale sobre Perse («El “Nue­vo Colón” de la poesía francesa», publicado en Corriere d'Informazione en marzo de 1951 y recogido luego en su libro Sobre la poesía, selección, traducción y notas de Guillermo Fernández. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2000, pp. 197-202), me sorprende que el gran poeta italiano nos diga que no entiende la poesía del autor de Anabase, problemática que no esperé que aparecie­se a propósito de esta obra y en un autor de la talla de Montale.
Reproducido de: La Ventana

4 Comments:

Blogger Gaiar said...

Me encanta tu labor de dar a conocer autores que apenas yo conozco, muchas gracias.

8:01 AM  
Blogger teresa coraspe said...

"...Amor, amor que tan sólo tienes el grito de mi nacimiento, que es de mar en marcha hacia la Amante! Viña vendimiada sobre toda playa,beneficio de espuma en toda carne, y canto de burbujas sobre las arenas..." ¿Cómo no recordar estos versos del libro MARES, de Saint John Perse? Libro de cantos sobre las aguas y de ritmos marinos; ritual de la palabra en la voz única y universal de Perse. Nada se pierde, todo vuelve a la armonía cel centro Único. Gracias Daniel por traerlo de regreso a la memoria. Un abrazo, un saludo, Tere.

10:41 AM  
Blogger Daniel J. Montoly said...

Bueno Gaiar, eso me alegra porque al menos se cumple uno de los propósitos del blog, que era fomentar y difundir las obras de autores latinoamericanos y caribeños desconocidos. Saint-Jhon Perse es considerada hoy día un clásico por quienes han estudiado su obra de manera rigurosa.
Lo curioso, es que, muchas personas desconocen que nació en Guadalupe, en Las Antillas Menores como dicen los libros de textos del Caribe.

Gracias por dedicar tu tiempo a leerlo y compartir tu comentario.

Un saludo con afecto. Daniel

1:26 AM  
Blogger Daniel J. Montoly said...

Tere:
Ja, veo que puedes recordar sus versos, que emergen del fondo de tu ser donde descasaron hasta ahora. Yo confieso que no hace mucho tiempo que comencé a leer sus poemas y sucedió después de venir a vivir a Estados Unidos, siempre lo asociaba con la literatura norteamericana. La confusión fue porque vivió y trabajo aquí, en la Biblioteca de Congreso.

Te admiro porque puedes dejarte llevar por el efluvio de sus versos y recordarlos con tanta claridad, yo ni siquiera los míos recuerdo. Lo olvido todo, será por eso que asocio la palabra,
Alzheimer's en mi escritura.

Un beso Tere. Daniel

1:31 AM  

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