Sunday, October 21, 2007


ROSARIO CASTELLANO
(Distrito Federal, México 1925)


Meditación en el umbral

No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.

Otro modo de ser.

Límite

Aquí, bajo esta rama, puedes hablar de amor.

Más allá es la ley, es la necesidad,
la pista de la fuerza, el coto del terror,
el feudo del castigo.

Más allá, no.

Las dádivas

La mano que se abrió sobre mis días
es una mano grande como el cielo.
Me dio raíz, memoria, y para respirar
una herida que llaman la rosa de los vientos.

Plenitudes de aljibe que rebalsa
y vacío de túnel que eternizan los ecos.
Luz para ciertas horas
y la hora necesaria de oscuridad sin término.

Horizontes, mirada,
la presencia segura de los cuerpos.
El gozo del hallazgo,
el llanto del adiós en el pañuelo.

La vida. Muchas muertes
—una por cada amor del que es su centro.
Todo. Y para decirlo
palabras y palabras. Y silencio.

La casa vacía

Yo recuerdo una casa que he dejado.
Ahora está vacía.
Las cortinas se mecen con el viento,
golpean las maderas tercamente
contra los muros viejos.
En el jardín, donde la hierba empieza
a derramar su imperio,
en las salas de muebles enfundados,
en espejos desiertos
camina, se desliza la soledad calzada
de silencioso y blando terciopelo.

Aquí donde su pie marca la huella,
en este. corredor profundo y apagado
crecía una muchacha, levantaba
su cuerpo de ciprés esbelto y triste.

(A su espalda crecían sus dos trenzas
igual que dos gemelos ángeles de la guarda.
Sus manos nunca hicieron otra cosa
más que cerrar ventanas.)

Adolescencia gris con vocación de sombra,
con destino de muerte:
las escaleras duermen, se derrumba
la casa que no supo detenerte.

La profecía

Cuando nos lo anunciaron los que velan de noche,
los que llevan el mar ausente entre sus manos
en forma de sencillos caracoles,
temblamos de alegría, como bajo el rocío
el pétalo colmado de las flores.

Lo dijeron los sabios.
Muchas señales hubo, hasta que al fin
el termino del tiempo hubo llegado.
Y nosotros confusos, de rodillas,
presenciando.

Sobrevino el silencio.
El silencio que nace del agua que bullía
y de pronto se cuaja en un espejo.

Así nos serenamos. Nos hicimos
lo mismo que los lagos para mirar al cielo.


La velada del sapo

Sentadito en la sombra
—solemne con tu bocio exoftálmico; cruel
(en apariencia, al menos, debido a la hinchazón
de los párpados); frío,
frío de repulsiva sangre fría.

Sentadito en la sombra miras arder la lámpara.

En torno de la luz hablamos y quizá
uno dice tu nombre.

(Es septiembre. Ha llovido.)

Como por el resorte de la sorpresa, saltas
y aquí estás ya, en medio de la conversación,
en el centro del grito.

¡Con qué miedo sentimos palpitar
el corazón desnudo
de la noche en el campo!


El excluido

A menudo, si un hombre recibe bien de otro
se le despierta un ímpetu homicida
- rostro secreto de la gratitud -
y el insulto que calla lo envenena.

El favor lo ha marcado
y no cabe en el mundo en que es ley de las cosas
la lucha, el exterminio.

A menudo... A menudo...


Tres poemas

1

¿Qué hay más débil que un dios? Gime hambriento
y husmea
la sangre de la víctima
y come sacrificios y busca las entrañas
de lo creado, para hundir en ellas
sus cien dientes rapaces.

(Un dios. O ciertos hombres que tienen un destino.)

Cada día amanece
y el mundo es nuevamente devorado.

II

Los ojos del gran pez nunca se cierran.
No duerme. Siempre mira (¿a quién?, ¿a dónde?),
en su universo claro y sin sonido.

Alguna vez su corazón, que late
tan cerca de una espina, dice: quiero.

Y el gran pez, que devora
y pesa y tiñe el agua con su ira
y se mueve con nervios de relámpago,
nada puede, ni aun cerrar los ojos.

Y más allá de los cristales, mira.

III

Ay, la nube que quiere ser la flecha del cielo
o la aureola de Dios o el puño del relámpago.

Y a cada aire su forma cambia y se desvanece
y cada viento arrastra su rumbo y lo extravía.

Deshilachado harapo, vellón sucio,
sin entraña, sin fuerza, nada, nube.

Retorno

Has muerto tantas veces; nos hemos despedido
en cada muelle,
en cada andén de los desgarramientos,
amor mío, y regresas
con otra faz de flor recién abierta
que no te reconozco hasta que palpo
dentro de mí la antigua cicatriz
en la que deletreo arduamente tu nombre.


Retrato de antepasado

Lo dejaron aquí, más que por reverencia
por olvido. Ninguno
levanta la mirada a este rincón del cuarto.

Preside cierto orden de objetos, cierta ruina
inminente y le otorga
la edad que necesita.

Ha presenciado alegres ceremonias
y ha visto cómo deudos diligentes
colocan en su marco orlas de luto.

Y ni se regocija ni consuela.

Distante, amarillento, anónimo, sus manos
empuñan todavía un bastón de caoba
¡aunque hace tanto tiempo se perdieron sus huesos!

Privilegio de la suicida

El que se mata mata al que lo amaba.
Detiene el tiempo —el tiempo que es de todos
y no era sólo suyo—
en un instante: aquel en que alzó el vaso
colmado de veneno;
en que segó la yugular; en que
hendió con largos gritos el vacío.
Ah, la memoria atónita, sin nada más que un
huésped;
la atención que regresa como un tábano
siempre hasta el mismo punto intraspasable
y la esperanza que amputó sus pies
para ya no tener que ir más allá.
Ay, el sobreviviente,
el que se pudre a plena luz, sepulcro
de par en par abierto,
paseante de hediondeces y gusanos,
presencia inerme ante los ojos fijos
del juez ¿y quién entonces
no osa empuñar la vara del castigo?
¡Condenación a vida!
(Mientras el otro, sin amarraduras,
alcanza la inocencia del agua, las esencias
simplísimas del aire
y, materia fundida en la materia
como el amante en brazos del amor,
se reconcilia con el universo.)

Lo cotidiano

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia;
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.

Para el amor no hay tregua, amor. La noche
no se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a locuras. En el beso se mezcla
el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.


ROSARIO CASTELLANO

Poeta mexicana nacida en el Distrito Federal en 1925. Su infancia transcurrió en Chiapas y luego estudió Filosofía y Letras obteniendo una maestría en la UNAM.
Practicó con gran éxito todos los géneros literarios, destacándose especialmente en su obra poética que la ha convertido en una de las más altas representantes de México en el último siglo.
Obtuvo importantes reconocimientos entre los que se destacan, Premio Xavier Villaurrutia 1961, Sor Juana Inés de la Cruz y Premio Carlos Trouyet. Toda su obra está recopilada en el libro «Poesía no eres tú». Falleció en Tel Aviv en 1974, cuando ocupaba el cargo de embajadora de su país ante el gobierno de Israel.


Fuente de la fotografía usada para acompañar la semblanza: www.curso-med.com/Literatura.htm

10 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Daniel: Excelente poesía, o uno dice excelente lo que se ajusta más a nuestro gusto.

Me gustaron mucho: Meditación en el umbral. La casa vacía (Adolescencia gris con vocación de sombra, que línea expectacular)
El excluido.


Cariños Gabriela.

3:37 PM  
Blogger teresa coraspe said...

Daniel: Tengo un amigo a quien le digo brujito; lo cierto es que te estás pareciendo mucho a él por lo de traer poemas que me recuerdan mi infancia. De esto te hablé esta mañana, pero se me borró; gracias por traer del fondo del olvido, palabras de esta poeta Rosario Castellanos; son poemas escritos para el no olvido, que de olvidos está hecho el mundo. Ella, como Perse y Vargas Vila me iluminaron la curiosidad por las Letras, y otros tantos poetas que siempre estuvieron conmigo, al calor de la curiosidad: por eso creo que es algo que viene ya con uno, al nacer. Un abrazo, Tere.
PD: Por existir para la Poesía, gracias.

5:16 PM  
Blogger Gaiar said...

Muy buena, muchas gracias!!!

7:52 AM  
Blogger Daniel J. Montoly said...

Hola Gaby!
Dicen que los Buenos poetas se van temprano al valle de la alegría duradera, yo corroboro eso con esta gran poeta mexicana, Rosario Castellano dejó una obra inmensa y de asombroso lirismo autobiográfico.
Es una de las grandes poetas latinoamericanas que surge con sor Juana Inés sigue con Gabriela Mistral, Angelamaría Dávila y muchas otras voces que me he imposible citar aquí para no ser injusto con las que no cito.
Me alegro que te haya gustado la selección.
Un abrazo. Daniel

1:25 PM  
Blogger Daniel J. Montoly said...

Querida Tere:
Los caribeños tenemos intrínsico con nosotros la brujería porque el Caribe, es la tierra fértil de la fascinación y surrealidad. Eso es para que veas hasta que confines llegan mis poderes mágicos, pude leerte la mente y espero que pienses en otros poetas para que los veas aquí también.
Ahora que hablas de Vargas Vila, recuerdo mi adolescencia y la superstición que había en mi país en torno a su personalidad, porque contaban muchas leyendas sobre relacionadas con las mujeres. Lo cierto es que, siempre me ha fascinado su obra y ese embrujo maldito recreado en torno a su personalidad.
De acuerdo contigo, se nace siendo poeta, aunque se pule en camino. De la misma manera que un diamante es diamante desde que lo arrancan del subsuelo, ahora el proceso lo convertirá en una joya.
Un beso. Daniel

1:32 PM  
Blogger Daniel J. Montoly said...

Me alegro que te haya gustado Gaiar, los buenos poetas no ameritan de introducción, su poesía lo dice todo.
Un fuerte abrazo. Daniel

1:34 PM  
Blogger teresa coraspe said...

Lo que sucede es que el brujo es quien lee la mente y me trae los mensajes de regreso; más, como es poeta, se le hace fácil, así que cuídate de ese brujito, Daniel; no sea que te robe la magia de la poesía y entonces tengas que hacer las paces con él para que te devuelva los cauces de un reloj olvidado en el tiempo...Tere.

4:24 PM  
Blogger Daniel J. Montoly said...

Carlos Catañedas empacó sus cosas y se marchó a vivir con los habitantes originales de la cordilleras Sierra Madre con tal de descubrir el secreto de los chamanes, yo me mudaré con los poetas, entre ellos tú, para aprender el arte de la poesía, Tere.

Jejejeje. La brujería me engrifa los pelos, crecí cerca de un batey de caña de azúcar y la supertición andava por esa zona a sus anchas. Y como dice el Gran Combo de Puerto Rico: “ Que tú me hiciste brujería
me dejaste durmiendo
en una tumbra fría.

Un beso Tere, y un placer leer tu comentario. Daniel

12:19 PM  
Blogger Miriam Tessore said...

Estimado Daniel, el apellido de Rosario, lleva una S al final.
(Rosario Castellanos)

Su poesía es de lo mejor que hay para leer en español.

2:50 PM  
Blogger Miriam Tessore said...

Saludos, Miriam

2:51 PM  

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